
- Conoce a nuestros CTEs
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¿Cómo llegaste a ser CTE en Sener?
Más que un momento concreto, llegar a ser CTE ha sido, para mí, el resultado de una forma de entender la profesión. Siempre me he sentido especialmente atraído por la tecnología, por profundizar en los aspectos más técnicos de los proyectos y por intentar comprender a fondo cómo resolver cada reto. Con el paso de los años, esa forma de trabajar, de aprender y de implicarme en el desarrollo técnico dentro de Sener me ha ido llevando de manera natural hasta aquí. Pero si hay algo que me parece importante subrayar es que este recorrido no se construye en solitario. Después de más de 25 años en la compañía, he tenido la suerte de compartir camino con grandes profesionales, con quienes he vivido desafíos, alegrías y también momentos difíciles que, muchas veces, acababan convirtiéndose en una satisfacción compartida al encontrar la solución a problemas complejos. Por eso, para mí, ser CTE también significa representar, de algún modo, a todas esas personas que han formado parte del camino. No podría nombrarlas a todas, aunque me gustaría, pero sí quiero mencionar especialmente a Cristina Tato porque apoyó mi candidatura desde el primer momento.
¿Cuál ha sido el proyecto más desafiante de tu carrera?
Es difícil destacar un único proyecto por encima de los demás porque todos te aportan algo nuevo y te enseñan a enfrentarte a situaciones distintas. En una carrera profesional dentro del ámbito tecnológico, el aprendizaje y los desafíos son continuos y, además, se van acumulando y transformando con el tiempo. Por eso, tendemos a pensar que los proyectos más recientes son los más exigentes, ya que suelen incorporar enfoques y retos diferentes. Sin embargo, si tuviera que señalar algunos especialmente desafiantes, me quedaría con varios de mi primera etapa profesional, cuando estábamos abriendo camino en nuevos mercados y desarrollando productos que marcaron un antes y un después para la empresa. Uno de ellos fue el proyecto espacial GAIA M2M, en el que desarrollamos una unidad destinada a contribuir a la creación de un mapa 3D de la Vía Láctea. Además fue una experiencia muy especial porque tuve la oportunidad de trabajar con otro actual CTE, Carlos Compostizo. Esta misión de la ESA está considerada una de las más relevantes para la astronomía moderna por su capacidad para transformar nuestro conocimiento del universo. En el ámbito de la defensa, también destacaría dos proyectos muy importantes: IRIS-T y METEOR. Ambos contribuyeron a posicionar a Sener como una empresa de referencia en sistemas de actuación y control a nivel europeo. En ellos tuve también la suerte de trabajar junto a grandes referentes técnicos, como Aitor Arce y Gabriel Ybarra, y con excelentes directores de proyecto, como José Julián Echevarría, Ignacio Cerezo y Fernando Quintana.
¿Qué valor crees que aporta el rol de CTE a Sener?
El valor del CTE está, sobre todo, en ayudar a afrontar con criterio los retos técnicos más complejos. En proyectos exigentes, muchas veces no basta con tener conocimiento especializado; hace falta también experiencia, capacidad de análisis y una visión de conjunto que permita identificar qué es lo realmente importante y orientar bien la toma de decisiones. Ahí es donde creo que un CTE puede aportar más: ayudando a dar claridad, a simplificar lo complejo y a encontrar soluciones sólidas y realistas.
Además, también considero que este rol tiene una responsabilidad importante a la hora de conectar el conocimiento técnico con el resto de la organización. No se trata solo de resolver problemas, sino también de compartir experiencia, facilitar que ese conocimiento llegue a los equipos y contribuir a que Sener siga reforzando su capacidad tecnológica. Y, por supuesto, esa aportación también debe proyectarse hacia el exterior, dando visibilidad a nuestras capacidades mediante la participación en congresos, foros especializados y grupos de trabajo internacionales. Esa presencia es importante no solo para compartir conocimiento y aprender de otros entornos, sino también para reforzar la confianza de clientes y colaboradores y seguir posicionando a Sener como una referencia tecnológica.
El valor del CTE está, sobre todo, en ayudar a afrontar con criterio los retos técnicos más complejos.
¿Cómo impulsas la innovación y el desarrollo del talento?
En un entorno tan cambiante como el actual, en el que la evolución tecnológica avanza a gran velocidad, impulsar la innovación dentro de la empresa es clave para mantener nuestras líneas de producto competitivas y seguir aportando valor al mercado. Para lograrlo, es fundamental estar en conexión constante con las necesidades de los clientes, con las nuevas tecnologías que van surgiendo y con el conocimiento interno que ya existe en Sener. Saber dónde estamos y qué capacidades tenemos es la base para definir una estrategia sólida de incorporación de nuevas tecnologías. Y, en ese proceso, también es importante saber identificar qué tecnologías merece realmente la pena madurar y cuáles todavía no están lo suficientemente preparadas para integrarse en producto con garantías. Pero innovar no es solo una cuestión de estrategia o de tecnología: también depende, y mucho, de las personas. Por eso, desarrollar el talento es una parte esencial del proceso. En una compañía como Sener, con profesionales de gran nivel, es importante acompañarlos, orientarlos y animarlos a perseverar ante los retos, especialmente cuando los resultados no llegan a la primera. Como CTE, una de nuestras responsabilidades es, precisamente, facilitar que el conocimiento circule dentro de la organización y llegue a las personas adecuadas para que la innovación pueda producirse de forma más natural, eficiente y sostenible.
¿Cómo acompañas a los equipos en la mentoría?
La mejor forma de acompañar a los equipos en la mentoría es generar una relación de cercanía y confianza en la que las personas sientan que pueden acudir a ti con naturalidad. La experiencia acumulada durante muchos años no se transmite de verdad en una sola frase, en una sesión puntual o en un documento, por útiles que todos esos recursos puedan ser. Aunque es importante recoger lecciones aprendidas y compartir conocimiento mediante informes o charlas, lo que realmente marca la diferencia es estar disponible en el día a día. La mentoría, en mi opinión, consiste, sobre todo, en ser accesible para ayudar a interpretar problemas concretos, orientar decisiones y acompañar en los momentos en los que surgen dudas o dificultades reales en el trabajo.
¿Qué habilidad consideras clave transmitir o potenciar?
La habilidad que considero más difícil de transmitir, pero también una de las más importantes para el éxito técnico, es la capacidad de analizar los problemas de forma sistemática. Muchas veces, cuando no se comprenden bien los fundamentos técnicos o la raíz real de un problema, se cae en la tentación de cambiar cosas sin un criterio claro, con la esperanza de que alguna prueba dé con la solución. Sin embargo, esa forma de actuar casi nunca funciona. Por eso, creo que es fundamental enseñar a parar, observar, formular bien el problema y construir el análisis con método. Hay una frase muy conocida de Charles F. Kettering que resume muy bien esta idea: «A problem well stated is a problem half solved». Cuando un problema está bien planteado, ya se ha recorrido una parte muy importante del camino hacia su solución.
La habilidad que considero más difícil de transmitir, pero también una de las más importantes para el éxito técnico, es la capacidad de analizar los problemas de forma sistemática.
¿Qué consejo darías a quien quiere crecer en el ámbito técnico?
Mi consejo sería, en primer lugar, tener paciencia y entender que el crecimiento técnico es un proceso largo. No se construye de un día para otro, sino a base de tiempo, constancia y muchas horas enfrentándose a problemas reales. En este tipo de trayectoria, la experiencia cuenta mucho, porque no solo amplías conocimientos, sino que aprendes a analizar mejor, a tomar decisiones con más criterio y a desenvolverte con más seguridad ante situaciones complejas.
También creo que es importante no perder nunca la curiosidad ni las ganas de entender el porqué de las cosas. En el ámbito técnico siempre aparecen nuevos retos, nuevas herramientas y formas de abordar los problemas, y eso exige mantener una actitud de aprendizaje continuo. Pero, sobre todo, diría que crecer técnicamente implica implicarse de verdad en los proyectos, asumir retos difíciles y no desanimarse cuando las soluciones no aparecen a la primera. Muchas veces es precisamente en esos momentos donde más se aprende y donde más se crece profesionalmente.
¿Qué tendencias marcarán el futuro en tu especialidad?
La complejidad de los sistemas electrónicos ha crecido de forma muy significativa en los últimos años, y todo apunta a que esa tendencia continuará en el futuro próximo. Para poder gestionarla será necesario contar con herramientas de análisis, cada vez más potentes, y ahí la inteligencia artificial va a desempeñar un papel muy relevante. Creo que en este ámbito veremos una transformación importante, especialmente en la forma de procesar información, acelerar el análisis y apoyar la toma de decisiones técnicas. Pero, además de esa evolución en las herramientas, habrá otro cambio aún más relevante: la incorporación de nuevos materiales capaces de superar algunas de las limitaciones actuales de los sistemas electrónicos, como las temperaturas máximas de funcionamiento, las velocidades de proceso o la resistencia a entornos agresivos de radiación. La superación de estas barreras abrirá la puerta a nuevos casos de uso que ya empiezan a vislumbrarse, como la exploración espacial a mayor escala, el desarrollo de tecnologías vinculadas a la obtención de energía o la creación de sistemas más eficientes y fiables en el ámbito de la defensa.
¿Qué te motiva más de tu labor como CTE?
Lo que más me motiva de mi labor como CTE es seguir enfrentándome a retos técnicos que me obligan a pensar, a aprender y a buscar soluciones a problemas complejos. Después de tantos años en la profesión, sigo disfrutando especialmente de ese proceso de análisis y de ese momento en el que, tras mucho trabajo, consigues encontrar una solución sólida y útil. También me motiva saber que ese esfuerzo no se queda solo en el plano técnico, sino que puede traducirse en productos y capacidades que aportan valor real a Sener y a sus clientes.
En ese sentido, el lema de Sener, «Transformar el mundo desafiando los límites de la tecnología», refleja muy bien esa manera de entender nuestro trabajo. Para mí, resume lo que más me atrae de este rol: seguir creciendo técnicamente, contribuir a que ese conocimiento tenga impacto dentro y fuera de la compañía y ayudar a llevar más lejos lo que somos capaces de hacer.
¿Cómo imaginas la evolución de tu rol en los próximos años?
Creo que los perfiles técnicos como el CTE irán ganando cada vez más peso dentro de las empresas. La tecnología está transformando de forma profunda muchos ámbitos de nuestra vida y de nuestra actividad industrial, y eso hace que el conocimiento técnico especializado sea cada vez más valioso. Aunque hoy pueda parecer que la inteligencia artificial va a resolverlo todo, yo la veo más bien como una herramienta muy poderosa para facilitar el acceso al conocimiento, acelerar ciertos análisis y mejorar su difusión. Sin embargo, la creación de nuevo conocimiento, su interpretación rigurosa y la definición de los retos tecnológicos seguirán dependiendo en gran medida de la inteligencia humana. En ese contexto, el rol del CTE tendrá un papel cada vez más relevante, aportando criterio, experiencia y capacidad de análisis para orientar la evolución tecnológica de la compañía en los próximos años.





