
- Conoce a nuestros CTEs
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¿Cómo llegaste a ser CTE en Sener?
Mi entonces jefe de sección, Francesc Massabé, me sugirió la candidatura porque entendía que encajaba bien con el perfil que se dibujaba para esta posición. La verdad es que me sorprendió la propuesta y se lo dije, pero cuando punteamos juntos los requisitos vi que encajaba bastante con la descripción que se hacía del rol.
¿Cuál ha sido el proyecto más desafiante de tu carrera?
Solucionar el problema vibratorio en el compresor de la planta de gas de Saih Rawl, en Omán. Tanto el diagnóstico como la solución estándar eran sencillos…, pero implicaban costes y tiempos de ejecución inasumibles a esas alturas del proyecto. El reto – y lo bonito – fue solucionar el problema en poco tiempo y a una fracción del coste. Eso implicó imaginación y todo tipo de agilidades y habilidades por nuestra parte, incluidas las manuales y las humanas. Siempre recordaré lo que es entrar (sin cita) en un taller de Nizwa, en Omán, y tornear una pieza urgente junto a un operario pakistaní, sin hablar ni yo urdu ni él inglés, entendiéndonos por croquis, cifras y señas. Y la camaradería del campamento, a 200 km de cualquier ciudad medianamente grande, con las pequeñas fiestas improvisadas aprovechando la fresca noche del desierto, y aprender de los omaníes cómo cocer un cordero bajo la arena durante casi un día entero.
¿Qué valor crees que aporta el rol de CTE a Sener?
Es un aliciente para la gente con carreras muy técnicas. Los despachos, los pluses y, en general, las muestras más visibles de reconocimiento estaban bastante reservados a gente con responsabilidades de gestión, y no tanto a gente con responsabilidades técnicas, por grandes que estas fueran. Pero, al cabo, el producto que Sener vende es técnico y debe ser de calidad. Con este rol, lo que se transmite es que también es posible «progresar» dentro de Sener por el camino de la excelencia técnica, y no solo por el de las responsabilidades de gestión. De este modo, se evita que un técnico potencialmente excelente se vaya por estancamiento o acabe convirtiéndose en un gestor del montón, al impulsar su carrera profesional por el camino comúnmente admitido como «más brillante».
En Sener es posible «progresar» por el camino de la excelencia técnica.
¿Cómo impulsas la innovación y el desarrollo del talento?
Lo mejor de la innovación, para mí, es que es divertida, y eso trato de transmitirlo, tanto aguas arriba como aguas abajo. El talento se desarrolla, lo primero, sin envidias ni recelos. Con los años he aprendido que el discípulo siente un gozo natural en aprender y el maestro, un gozo natural en enseñar. Pero ambos deben acudir al proceso sin prevenciones.
¿Cómo acompañas a los equipos en la mentoría?
De una manera tan informal como puedo. Yo pienso que el aprendizaje debe ser natural, risueño, relajado, lejos de patrones y de «procedimientos». Esto crea una relación cordial entre el discípulo que desea aprender y el maestro que disfruta viendo cómo el discípulo aprende. Lo demás pienso que viene bastante solo.
¿Qué habilidad consideras clave transmitir o potenciar?
Hay muchas. Una es saber escuchar: a todos. Otra, no dejarse abrumar por las dificultades. Tener la mente abierta. Y, en general, gozar en cada nueva habilidad aprendida. Eso incluye las habilidades manuales, que yo defiendo siempre. Conocer los materiales y comprender los procesos de elaboración, tener un trato cercano con los especialistas que los ejecutan, amar el taller; todo eso ayuda a hacer diseños de calidad. Y aunque sea incómodo: bajar al ruedo, despojarse de pretensiones y escuchar de viva voz (no por correo electrónico) a los técnicos que operan las instalaciones. Demasiadas veces, ante un problema real, he tenido que oír: «eres el primero que me escucha» o «eres el primero que viene a verlo».
Conocer los materiales y comprender los procesos de elaboración, tener un trato cercano con los especialistas que los ejecutan, amar el taller; todo eso ayuda a hacer diseños de calidad.
¿Qué consejo darías a quien quiere crecer en el ámbito técnico?
No sé en qué rincón de la Biblia leí este consejo: «no trates de parecer sabio; trata de serlo y el Señor ya pintará la sabiduría de tu rostro». Para mí, quien quiera crecer en el ámbito técnico debe cultivar su curiosidad y tratar de ser diligente: leyendo, indagando, ensayando. Muy importante también es que fomente su espíritu crítico y su imaginación. Y todo ello, hacerlo desnudo de cualquier vanidad y tratando de pasárselo uno bien. Del resto, como dice el consejo anterior, ya se ocupará el Señor, y suele hacerlo bien.
¿Qué tendencias marcarán el futuro en tu especialidad?
La verdad es que no lo sé. Desde luego, los materiales inteligentes o, al menos, novedosos aportarán sin duda progresos técnicos interesantes. Las nuevas técnicas de fabricación, la inteligencia artificial, el drástico abaratamiento de la sensórica y la electrónica de control; todo ello traerá su fruto, sin duda.
¿Qué te motiva más de tu labor como CTE?
Como decía anteriormente, me gusta estar cerca de los juniors, hacer bromas con ellos, explicarles cosas nuevas, adornarlas si es posible con anécdotas sabrosas y disfrutar viendo cómo progresan y cómo llegan a sorprenderte y sobrepasarte (que es la culminación y mayor gozo en la carrera de un maestro). También me gusta mucho la participación en congresos y grupos normativos, porque adoro viajar y tener contactos internacionales. En estos ámbitos, particularmente, disfruto cuando puedo mostrar a los colegas datos experimentales nuevos, que hasta ese momento tan solo yo tenía, y que confirman o rebaten teorías que se han estado discutiendo a veces durante años. Y es por ello que siempre trato de «rascar» observaciones adicionales en los ensayos en los que participo, poniendo sensores extras aquí y allá, de acuerdo con las teorías que elaboro en la ducha.
¿Cómo imaginas la evolución de tu rol en los próximos años?
No sé si realmente debe evolucionar mucho. Eso sí, la exigencia es muy alta: se pide un cúmulo de virtudes que, ni queriendo, está en manos de cualquiera reunir. Decir que, en ocasiones, los méritos que uno puede aducir se deben a que ha tenido la suerte de participar en tal o cual proyecto rompedor o retador, en lugar del consabido proyecto rentable que hacemos de memoria y que debe entregarse sí o sí el viernes antes de las 15 h.






