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En la gestión del ciclo integral del agua, la afirmación «lo que no se mide, no se puede gestionar» mantiene hoy una vigencia absoluta; sin embargo, la metodología de medición ha experimentado una metamorfosis radical. En el último siglo, hemos transitado desde expediciones heroicas para leer una escala de nivel en un río remoto hasta la recepción de terabytes de información en tiempo real desde el espacio. Es fascinante analizar esta transición, explorando la evolución técnica hasta comprender el impacto disruptivo del Remote Sensing y cómo la arquitectura SCADA ha redefinido la precisión de nuestros modelos actuales.
A principios del siglo pasado, la hidrología era una ciencia que exigía una paciencia y presencialidad extremas. Los ingenieros y observadores dependían casi exclusivamente de estaciones de aforo manuales, donde los datos se limitaban a lecturas visuales de escalas (miras) y al uso de molinetes mecánicos para medir velocidades de flujo. Esta labor requería jornadas enteras de campo, a menudo bajo condiciones climáticas adversas y enfrentando riesgos personales significativos para obtener un solo dato puntual.
Durante décadas, la información se recopiló bajo este mismo patrón, lo que imponía una limitación crítica: la información era discreta. Solo conocíamos el estado del río en el instante exacto de la medición, lo que generaba un vacío en la resolución temporal. Si una avenida ocurría durante la noche o entre visitas técnicas, el pico de la crecida a menudo se perdía, obligando a los hidrólogos a estimar niveles mediante marcas de agua en la vegetación o puentes, o incluso a valerse del testimonio de los locales para intentar recrear la magnitud del evento.
A mediados de siglo, la introducción de los limnígrafos de flotador con registro en papel supuso un avance cualitativo innegable. No obstante, aunque el registro era continuo, el dato seguía siendo analógico y permanecía cautivo en el papel hasta que un técnico lo digitalizaba manualmente. Esta restricción histórica condicionó tanto a la hidrología como a la hidráulica a ser, durante mucho tiempo, ciencias de análisis estadístico a posteriori más que herramientas de gestión proactiva en tiempo real.
El paradigma cambió definitivamente con la irrupción de la electrónica de estado sólido y las comunicaciones por radio en las décadas de 1970 y 1980. En Europa, España fue pionero en este salto con la implementación del SAIH (Sistema Automático de Información Hidrológica) del Júcar, operativo desde 1989. Tras las catastróficas inundaciones de los años 80, se comprendió que la cuenca debía tratarse como un organismo vivo monitorizado constantemente. Este sistema permitió, por primera vez, el seguimiento en tiempo real de variables meteorológicas e hidrológicas, facilitando la gestión de recursos y la respuesta ante avenidas y sequías extremas.

Visor WebSAIH – Confederación Hidrográfica del Júcar.
Esta automatización permitió que sensores de presión y ultrasonido reemplazaran a los viejos flotadores, pero el verdadero beneficio llegó con la telemetría: la capacidad de transmitir datos vía satélite o radio a un centro de control. En Australia, un continente marcado por extremos climáticos, el Bureau of Meteorology (BoM) perfeccionó estas redes para gestionar la escasez crítica de agua, demostrando que el dato automático es, ante todo, una herramienta de supervivencia social y económica.
Sin embargo, a pesar de la eficiencia de las redes automáticas, los datos seguían siendo puntuales; sabíamos qué pasaba en el sensor, pero no en los miles de kilómetros cuadrados entre estaciones. Aquí es donde el Remote Sensing (teledetección) ha provocado una disrupción sin precedentes. El uso de misiones satelitales como Copernicus (Sentinel) de la ESA o Landsat de la NASA, permite hoy observar variables antes inalcanzables: desde la evapotranspiración real para optimizar el riego, hasta la humedad del suelo y Modelos Digitales de Terreno (MDT) de precisión centimétrica capturados mediante tecnología LiDAR.
Este beneficio es evidente en regiones desarrolladas como la cuenca del Río Mississippi o las llanuras de Europa Central, donde se mapean inundaciones en tiempo real. Pero su valor es aún mayor en regiones con escasas mediciones in situ. Un ejemplo notable es el estudio realizado en Pakistán (2010-2020), donde se utilizó el sensor MODIS y Google Earth Engine para mapear inundaciones. Gracias a su alta resolución temporal y capacidad espectral, MODIS permitió mitigar las limitaciones de la cobertura nubosa del monzón, generando mapas de riesgo críticos para la respuesta ante emergencias en comunidades vulnerables.

Mapa de la extensión acumulada de inundaciones del área de estudio para el periodo 2010-2020.
La sinergia SCADA y la calibración de modelos
La evolución final de esta cadena tecnológica es la integración de estos datos en sistemas SCADA (Supervisory Control and Data Acquisition). Históricamente, calibrar un modelo (hidrológico o hidráulico) era un proceso de ensayo y error basado en eventos estáticos. Hoy, la arquitectura SCADA permite que los datos fluyan directamente del sensor al modelo en un bucle constante, eliminando valores atípicos mediante algoritmos de limpieza y permitiendo la asimilación de datos en tiempo real.

Fuentes de información sistemas SCADA.
La evolución de la captura de datos en el último siglo ha dotado a los ingenieros de una «visión de rayos X» sobre el ciclo hidrológico. Hoy, gracias a la infraestructura SCADA y al Big Data, nuestros modelos no son solo teorías, sino réplicas dinámicas de la realidad. En un contexto de cambio climático, esta capacidad de afinar la calibración y predecir con exactitud es la frontera que separa el desastre de la resiliencia.
Como profesionales del agua en Sener, una organización a la vanguardia de las soluciones innovadoras, nuestra misión consiste en vincular con maestría este ecosistema de datos en cada uno de nuestros análisis. El reto actual ha dejado de ser la mera obtención de información para convertirse en su gestión integrada y estratégica. En Sener, trabajamos para que esa precisión técnica se traduzca en una mayor resiliencia para nuestras comunidades, garantizando una administración inteligente y sostenible de nuestro recurso más preciado: el agua.
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Diego Andrés García Mendivelso
Diego Andrés García Mendivelso es ingeniero civil con más de doce años de trayectoria profesional, formación que incluye un máster en Ingeniería Civil con énfasis en Recursos Hidráulicos y un máster internacional en BIM Management para Ingeniería Civil. Actualmente, es ingeniero de proyecto especialista en hidrología, hidráulica e inundabilidad, donde lidera el desarrollo de cartografía de inundabilidad en el País Vasco y Cataluña mediante la creación de modelos hidráulicos (1D y 2D) para la delimitación de zonas de riesgo. Su enfoque profesional integra la programación y la gestión eficiente de datos para desarrollar soluciones resilientes ante el cambio climático, orientadas a fortalecer la seguridad hídrica en proyectos de alta complejidad técnica.







