Alfonso Muñóz: «En proyectos exigentes, no basta con tener conocimiento especializado; hace falta también experiencia, capacidad de análisis y una visión de conjunto»

¿Cómo llegaste a ser CTE en Sener?Más que un momento concreto, llegar a ser CTE ha sido, para mí, el resultado de una forma de entender la profesión. Siempre me he sentido especialmente atraído por la tecnología, por profundizar en los aspectos más técnicos de los proyectos y por intentar comprender a fondo cómo resolver cada reto. Con el paso de los años, esa forma de trabajar, de aprender y de implicarme en el desarrollo técnico dentro de Sener me ha ido llevando de manera natural hasta aquí. Pero si hay algo que me parece importante subrayar es que este recorrido no se construye en solitario. Después de más de 25 años en la compañía, he tenido la suerte de compartir camino con grandes profesionales, con quienes he vivido desafíos, alegrías y también momentos difíciles que, muchas veces, acababan convirtiéndose en una satisfacción compartida al encontrar la solución a problemas complejos. Por eso, para mí, ser CTE también significa representar, de algún modo, a todas esas personas que han formado parte del camino. No podría nombrarlas a todas, aunque me gustaría, pero sí quiero mencionar especialmente a Cristina Tato porque apoyó mi candidatura desde el primer momento. ¿Cuál ha sido el proyecto más desafiante de tu carrera? Es difícil destacar un único proyecto por encima de los demás porque todos te aportan algo nuevo y te enseñan a enfrentarte a situaciones distintas. En una carrera profesional dentro del ámbito tecnológico, el aprendizaje y los desafíos son continuos y, además, se van acumulando y transformando con el tiempo. Por eso, tendemos a pensar que los proyectos más recientes son los más exigentes, ya que suelen incorporar enfoques y retos diferentes. Sin embargo, si tuviera que señalar algunos especialmente desafiantes, me quedaría con varios de mi primera etapa profesional, cuando estábamos abriendo camino en nuevos mercados y desarrollando productos que marcaron un antes y un después para la empresa. Uno de ellos fue el proyecto espacial GAIA M2M, en el que desarrollamos una unidad destinada a contribuir a la creación de un mapa 3D de la Vía Láctea. Además fue una experiencia

Laura Peñate: «Sener me ofreció la posibilidad de afrontar nuevos retos»

¿Qué te inspiró a iniciar tu carrera en el sector aeroespacial? Cuando decidí estudiar Ingeniería de Telecomunicación, mi objetivo inicial era orientarme hacia el mundo audiovisual —cine y televisión—, un ámbito que siempre me ha apasionado. Sin embargo, al finalizar la carrera coincidió con el auge del sector de las telecomunicaciones y el desarrollo de la tecnología móvil. En Las Palmas de Gran Canaria las oportunidades eran limitadas, y surgió la posibilidad de realizar prácticas en el extranjero gracias a una beca. Así llegué a Belfast (Irlanda del Norte), donde me incorporé a una empresa dedicada al software para aplicaciones de telefonía móvil. Aunque la experiencia fue muy enriquecedora a nivel personal y profesional, descubrí que la programación no era el camino en el que quería desarrollarme, y sentía que mi perfil estaba quedando encasillado en esa área. En ese momento, un antiguo compañero me habló de un Máster en Optoelectrónica y Procesamiento Óptico de la Información en la Universidad Queen’s de Belfast. Me informé sobre el programa y la posibilidad de cursarlo con una beca europea, y vi en ello la oportunidad que estaba buscando. No dudé en dar el paso. El máster me permitió descubrir el fascinante mundo de la tecnología de los componentes electrónicos, no como simples “cajas negras”, sino como sistemas avanzados cuya funcionalidad depende de complejos procesos tecnológicos. Ese enfoque despertó mi interés por entender qué hay detrás de esos componentes y cómo se desarrollan. Este interés fue lo que finalmente me llevó a continuar en la universidad y emprender un doctorado, profundizando en nuevas tecnologías y en los procesos que las hacen posibles. ¿Cómo accediste a Sener? Al terminar el doctorado, y tras ocho años en Belfast, pude iniciar mi carrera profesional en el sector aeroespacial gracias a los conocimientos adquiridos en tecnologías de componentes electrónicos. Me trasladé a Madrid para incorporarme a una empresa dedicada a la calificación y evaluación de componentes para aplicaciones espaciales. Allí descubrí un sector apasionante en el que la fiabilidad, los ensayos específicos y la comprensión del comportamiento de los componentes a lo largo de una misión son

Sener inicia los ensayos de vuelo de Razor, dentro del programa SIROCO

Sener acoge el segundo taller de BEAST, el proyecto para el futuro misil de corto alcance europeo

Acceso a la potencia eléctrica, uno de los grandes desafíos de la industria de los data centers

La industria de los data centers atraviesa un momento de crecimiento sin precedentes, impulsado por la aceleración de la digitalización, el despliegue masivo de servicios cloud y, de forma muy destacada, la irrupción de cargas intensivas asociadas a la inteligencia artificial. En este contexto, el principal desafío del sector es asegurar el acceso a la potencia eléctrica necesaria para acompañar esa demanda creciente de forma fiable, competitiva y sostenible. El requerimiento de grandes volúmenes de energía, con altos niveles de disponibilidad y calidad de suministro, está tensando los sistemas eléctricos en numerosos países. En mercados como España, donde la base instalada de centros de datos aún es reducida en comparación con regiones más maduras como Estados Unidos o los países FLAP, este crecimiento acelerado está evidenciando limitaciones estructurales tanto en la planificación de las redes eléctricas como en los marcos regulatorios que gobiernan el acceso a la potencia. A estas limitaciones se suma la complejidad administrativa. La tramitación de permisos, autorizaciones ambientales y conexiones a red se ha convertido en un factor crítico que condiciona directamente la viabilidad y los plazos de desarrollo de nuevos proyectos. La falta de agilidad y de coordinación entre las distintas administraciones públicas introduce incertidumbre en fases tempranas del proyecto, dificultando la toma de decisiones y la planificación a largo plazo por parte de promotores y operadores. En este escenario, los dos grandes ejes de desafío para la industria de los data centers son claramente la energía y los permisos. Ambos están estrechamente relacionados y requieren un enfoque integral. No se trata únicamente de disponer de potencia suficiente, sino de hacerlo de una forma compatible con los objetivos de descarbonización, la estabilidad del sistema y la aceptación social de este tipo de infraestructuras. Como respuesta a este contexto, el sector está comenzando a explorar enfoques alternativos a las estrategias tradicionales. Entre ellos se encuentran figuras regulatorias específicas que permitan priorizar proyectos considerados estratégicos, así como nuevos esquemas de producción y gestión energética. La integración de generación renovable, el uso de sistemas de almacenamiento, los acuerdos de suministro a largo plazo o incluso soluciones híbridas que

Cemosa, Fairbanks Arquitectos y Sener diseñarán la ampliación del Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol

Sener contribuye a la misión Smile para avanzar en el conocimiento del clima espacial

Reparar satélites en el espacio, un reto que impulsa la robótica orbital

Durante décadas, los satélites y sistemas espaciales se concebían como estructuras cerradas y prácticamente inalterables. Se diseñan con extremo cuidado, se lanzan al espacio y se espera que funcionen sin intervención directa durante toda su vida útil. Cuando algo falla, las opciones solían ser muy limitadas: en muchos casos, el satélite quedaba inservible, aunque el problema afecte solo a una parte concreta del sistema. Esta forma de trabajar ha marcado el desarrollo del sector espacial durante años. A medida que el espacio se llena de infraestructuras esenciales (satélites de comunicaciones, observación, navegación o ciencia), cobra progresivamente más peso la necesidad de poder mantener, reparar o actualizar estos sistemas una vez están en órbita. Sin embargo, hacerlo no es sencillo. Las condiciones extremas del entorno espacial, la distancia a la Tierra y la complejidad de las misiones hacen que cualquier intervención sea técnicamente exigente y costosa. A esto se suma un problema añadido: cada misión suele estar diseñada con soluciones específicas, lo que dificulta enormemente reutilizar conceptos o herramientas de una misión a otra. En este contexto, entra en juego la robótica espacial, permitiendo llevar a cabo operaciones que serían imposibles para un ser humano en órbita. Su eficacia depende en gran medida de un elemento poco visible: cómo se conectan y se comunican los distintos elementos del sistema. Manipular un módulo, sustituir un componente o acoplar una herramienta requiere puntos de unión fiables, sencillos y compatibles. Sin ellos, incluso el robot más avanzado tiene capacidades muy limitadas. Por eso, el desarrollo de interfaces estándar se está convirtiendo en un factor estratégico. Estas interfaces actúan como puntos de conexión comunes que integran en un único elemento la unión mecánica y el intercambio de energía, datos y, en algunos casos, fluidos. Al hacerlo, permiten que distintos módulos, herramientas o subsistemas puedan conectarse y desconectarse de forma segura, sin necesidad de diseñar soluciones únicas para cada misión. Es un cambio de enfoque que traslada al espacio una lógica bien conocida en otros ámbitos tecnológicos: la interoperabilidad y la modularidad. Este planteamiento aporta ventajas claras. Al reducir la necesidad de diseños a medida, se

César Quevedo recibe la Medalla al Mérito Profesional del Colegio de Ingenieros de Caminos

Sener alcanza un nuevo hito en la misión Comet Interceptor de la ESA con la recepción del primer instrumento de vuelo